Anécdotas

Mariana junto a Gisela Dulko, durante un evento especial en favor de los chicos con capacidades especiales realizado en Buenos Aires, Julio 2004 - Buenos Aires (ARGENTINA)
El circuito de tenis de la WTA es muy exigente. Pero eso no impide que en su entorno ocurran hechos dignos de ser contados.
Basilea
Si tuviera que decir cúal fue el torneo en el que me pasó de todo, sin lugar a dudas diría que fue el de Basilea, un torneo que reparte $140.000 en premios y que jugué en julio de 2001.
Llegamos al aeropuerto de Zurich desde Varsovia, allí tomamos un tren hasta Zurich central y luego debíamos tomar otro tren hasta Basilea. Viajábamos: Rossana De Los Ríos (jugadora de tenis paraguaya), Gustavo Neffa (su esposo y ex jugador de Boca Junior), Ana Paula (su hija de 4 años), Juan Pablo (mi novio y entrenador) y yo. Llevábamos muchísimo equipaje. El viaje hasta Zurich Central no presentó inconvenientes, pero al llegar allí había sólo 5 minutos para cambiar de andén y tomar el otro tren. Las mujeres bajamos por las escaleras y volvimos a subir en el andén correspondiente llevando solamente los raqueteros, mientras ellos daban toda la vuelta con 2 carritos cargados con el resto del equipaje. Entre tanta corrida y confusión, los perdimos de vista y al no verlos en el andén, supusimos que no habían llegado a tomar el tren, razón por la cual no nos subimos. El tren se fue y al no verlos por ningún lado comenzamos a buscarlos por toda la estación. A todo esto, nosotras teníamos todos los documentos, el dinero y los boletos del tren. Después de 45 minutos de búsqueda infructuosa decidimos tomarnos el siguiente tren a Basilea. Cuando llevábamos media hora de viaje se acercó un guarda y nos preguntó si alguna de nosotras era De Los Ríos, y nos dijo que Juan Pablo y Gustavo estaban ya en Basilea (de paso nos pidió sus boletos). Lo que había sucedido era que al ser tan largo el tren ellos se habían quedado en el último vagón y nosotras en la zona del los primeros vagones. Ellos al no vernos pensaron que ya estábamos arriba y nosotras al no verlos pensamos que no habían llegado a tiempo. Cuando el tren arrancó nos vieron en el andén y buscaron al guarda para podernos avisar. Al reencontrarnos nos echamos culpas mutuamente,pero aprendimos dos lecciones: no nos separamos más en lugares desconocidos y no nos subimos más a ningún tren si no estamos seguros de que los demás también están ahí.
Al día siguiente empecé a sentir una puntada fuerte en el costado izquierdo, a la altura de los ovarios y fui a ver al médico del torneo. Al revisarme vio que que tenía una bolita en la axila y me dijo que tenía ganglios inflamados en el cuello y en la ingle. Cuando terminó de evaluarme me dijo que tenía una infección, que debía tomar antibióticos y ver a un ginecólogo porque era muy prosible que tuviera un quiste. Yo salí llorando asustadísima porque ya había tenido una operación de urgencia por un quiste y la idea de pasar por lo mismo, en un país extraño y sin mi familia, no me agradaba. El torneo me contactó con los mejores especialistas y me hice todo tipo de estudios. Dieron todos bien y más tarde averiguaría que esa bolita en la axila era sólo un pelo encarnado, que siempre tengo los ganglios así y que ese dolor fue un dolor más.
El martes, al terminar mi primer partido de singles, el cual gané 6/4 - 6/4, me fui a bañar al vestuario del club y al salir de la ducha noté que mis zapatillas (con las plantillas que cuestan $185. adentro) habían desaparecido. Revisé mi bolso y todo el vestuario pero sin suerte. Lo más extraño es que sólo las jugadoras pueden entrar al vestuario y cuando me fui a bañar ya no había nadie. Lo primero que pensé fue que era una broma de Gala (León García), una jugadora española muy chistosa. También pensé que Rossana (De Los Ríos) las podía haber tomado por error, ya que las dos nos compramos las mismas zapatillas y encima calzamos igual. Pero nada de eso había ocurrido y yo tenía que jugar dobles una hora más tarde y estaba descalza. Juan Pablo se fue hasta el hotel a buscarme otro par de zapatillas mientras yo fui jugadora por jugadora preguntando si no las habían tomado por error. Una de las jugadoras que había entrado mientras yo me bañaba era la que había perdido conmigo. La llamé al hotel y le pregunté, y me contestó que no las tenía. Ya no quedaba más nadie por preguntar, y no se me cruzaba por la cabeza la idea de que ella se las hubiese llevado a propósito porque yo le había ganado. Además en el partido no había habido incidentes y ella es muy buena persona. Jugué mi partido de dobles con unas zapatillas muy gastadas (que guardaba para entrenar en cancha dura) y a pesar de caerme 3 veces, ganamos! A la mañana siguiente se resolvió el misterio: la chica que había perdido conmigo vino muy acaloradaa decirme que por favor la perdonara, que ella se había llevado mis zapatillas por error dejándose las suyas en el club. Las de ella eran muy diferentes, pero ella dijo que estaban en la misma bolsa....le dije que no pasaba nada, que estaba todo bien y le agradecí por devolvérmelas. No pienso que lo haya hecho a propósito, sino no las hubiese devuelto....pero mis zapatillas no estaban en ninguna bolsa...estaban en el suelo.
El miércoles jugué mi segundo partido en singles contra una jugadora alemana que saca muy fuerte. Fuimos saque a saque durante el primer set hasta el 5/5 que sacaba ella y sucedió lo siguiente: jugando un break point, tire un revés cruzado que fue un winer (ella no llegó a tocar la pelota). El juez de línea marca buena pero ella se acerca y marcando un pique dice que fue mala. La pelota patinó sobre el fleje y los entrenadores de otras jugadoras desde la tribuna me marcaban que la bola había sido buena. La jueza de silla se baja y dice que fue mala. Yo me pongo a discutir con ella, pero me insiste en que la pelota se fue. Pierdo el game, y al ir al descanso a sentarme, me acerco a ver la marca. Mi bronca era terrible ya que se veía el pique perfectamente sobre la línea. Nunca me habían robado una pelota tan claramente buena en polvo de ladrillo. Perdí el set 7/5. Tal era mi enojo, que fui hasta el raquetero, saqué una cámara de fotos que de casualidad tenía ahí y le tomé algunas fotos al pique. La gente no podía creerlo y la verdad es que yo tampoco. Lo hice para tratar de tomarmelo con gracia, nunca pensé que iba a hacer con las fotos y de paso incomodar un poco a la jueza de línea por el error que había cometido. Perdí el partido y encima la supervisora de la WTA vino a darme un sermón sobre lo anti-profesional de mi conducta. Se que no estuvo bien lo que hice. Otros hasta reaccionan peor. Por lo pronto, cada vez que nos acordamos,nos reímos un rato, y nos damos cuenta de las locuras que a veces hacemos ante la impotencia.